Ángel Guerrero Rojas. Trabajador de Prisiones herido por ETA el 23 de abril de 1990

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Querido Roberto,

El recuerdo, el agradecimiento no doblega voluntades. Pero sí respeta y acata. Al final dejo caer la pluma para enfundarla en un abrazo que el viento recogerá y arropará no se sabe dónde. Tu padre es un héroe.

Ángel Guerrero Rojas. Un veintitrés de abril de mil novecientos noventa fue herido de gravedad al manipular un paquete remitido por el salvajismo etarra que ocultaba una bomba dirigida a la escuela de estudios penitenciarios en Carabanchel. Contenía tres percutores, de los cuales solo uno hizo explosión con consecuencias fatales que acabaron por mutilarlo, añadiéndole graves heridas en rostro y cuerpo. Tenía sesenta y un años y un cercano vergel de descanso laboral por toda una vida dedicada a la labor penitenciaria.

La vida continuó y destelló un zarpazo todavía más cruel en su persona que apagó la tenue luz de esperanza que iluminaba el horizonte familiar.

Ese hilo de luz que no supimos retro-iluminar cuando fue oportuno hacerlo. Cuando era necesario “Antorchar” las paredes de la resistencia personal. Y el olvido, como lengua candente en erupción volcánica invadió un espacio cercano a los treinta años. Arrastró, como cauce de un gran río los segmentos de la impotencia humana. Mermó y denigró toda voz de súplica ahogándola a un intenso vacío interior.

Y yo, que experimento una confianza suprema en lo que hago, en aquello que creo justo para quienes fueron mis compañeros, suprema por la nobleza del hecho en la evocación de su persona, en la memoria repartida con un amor incondicional por boca de la familia, acepto con recogido respeto cada palabra que es depositada como homenaje perpetuo y de una intensidad tal que es difícil ampararla bajo cualquier otra dimensión.

No quiero extenderme más Roberto, toma estas palabras como lo que son. Palabras de agradecimiento por haberme escuchado, por hacerme comprender la intensidad de un ser querido que ya no está y que se  le necesita, por lo mucho que se le echa de menos, por la fuerza con que lo quieres, por el recuerdo permanente, por tu grito mudo de reverberación. Por esa rebeldía cariñosa de un amor perfecto que nunca se apagará mientras vivas.

Por enseñarme esa clase de resistencia al que solo acceden los héroes cuando el mundo te da la espalda. Con profundo cariño hacia tu persona, gracias por todo.

Post data: Di oportuno recuerdo personal a los compañeros que me nombraste en tu paso por el viejo y ya derruido Centro Penitenciario de Pamplona hace ya muchos años.

Por la memoria que merecéis. Con cariño sincero.

Tony.