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Cara a cara con un preso en aislamiento: “¡Venid, venid, no tengo nada que perder!”

Ha pasado en los dos últimos años por tres centros penitenciarios españoles. “Se trata de evitar que un preso considerado ‘peligroso’ familiarice con otros presos o funcionarios que le vigilan”, explican desde la prisión de La Moraleja, en la localidad palentina de Dueñas.

Hablamos de Norber Feher, conocido como ‘Igor El Ruso’, que hace tres años dejaba en la localidad turolense de Andorra un rastro de sangre que sigue rodeado de incógnitas en el cómo y en el por qué. Tres víctimas en España, dos de ellas guardias civiles, y otra más en Italia. El historial sanguinario de Feher, al que hay que añadir, robo, tenencia de armas, tentativas de homicidio…

Y con este historial llega este preso de origen serbio a la cárcel de Dueñas hace tan solo 5 meses. Allí los reciben los funcionarios con el habitual protocolo de actuación antes de trasladarlo al módulo 15 de aislamiento. Los periodistas que siguen el rastro de este preso, como el de otros tantos mediáticos por sus viles actos, buscan detalles, gestos, modos, alguna frase… por ejemplo ¿Qué fue lo primero que dijo cuando llegó a la cárcel?

Preguntó por el cura y luego hizo una llamada, un derecho de todo preso al ser trasladado, para notificar a su novia que estaba en Palencia y que avisase a su abogado”, relatan fuentes cercanas al preso.

En Palencia también notan las vacantes, las carencias del colectivo ante tantos presos, y tan ‘famosos’. cada día en Dueñas entran a trabajar 39 funcionarios que se encargan de vigilar diariamente a cerca de 700 internos. “Las plazas vacantes rondan las 3.200 en toda España. Lo que más nos preocupa es que no tenemos la condición de agentes de la autoridad, como si tienen otros colectivos… Policías, médicos o profesores… Esto nos daría una mayor cobertura legal”, explican los propios funcionarios.

Mayor cobertura para poder hacer frente a agresiones o a amenazas como la que hace unos días protagonizo ‘Igor el Ruso’, a quien muchos definen como un hombre “que nunca la lía, hasta que la lía”. Pocas veces sale de su celda, de hecho, en el último mes, a penas lo ha hecho. Uno de esos días los funcionarios que le custodian en aislamiento abrieron su celda para hace runa inspección y al entrar, tras pedir al preso distancia, éste respondió: “¡Entrad, entrad, lo que os haga me sale gratis. Con la de condenas que arrastro no tengo nada que perder!” Esto en un perfecto castellano, a pesar que en uno de los juicios celebrados en Teruel solicitó una traductora de italiano, la misma que solicitó en los interrogatorios.

¿Cómo reaccionará mañana? ¿O cómo lo hará otro de sus compañeros de aislamiento que viene de lesionar a otro preso y enfrentarse a los funcionarios en la cárcel alicantina de Villena? Presos que agrandan su ya dilatado historial dentro de prisión y a los que el funcionario que los custodia debe ganarse, más por la maña, que por la fuerza. “Trabajamos con lo puesto y poco más tenemos. Fisicamente detemos que enfrentarnos casi desnudos a ello, así que utilizamos la psicología e intentamos conseguir que nos respeten aunque eso no evita que algún día pase algo”, explican algunos funcionarios sobre su trabajo.

Con la biblia en la mano, Feher continúa manteniendo esa imagen de personaje frío, distante, penetrante… Puede que mucho menos de lo que en realidad es. ¿Cómo lo definiríais? Pregunta un periodista. “Es un sociópata y no tiene ningún tipo de remordimiento por lo que ha hecho ni empatía por las víctimas”, sentencia una persona cercana al preso.

Y así, sin más adjetivos, es el día a día de estos trabajadores anónimos que siguen reclamando atención, cariño y cuidados en un trabajo que a diario afrontan con el mejor de los espíritus, aunque delante tengan a un ‘Igor el Ruso’ que no tiene nada que perder.

Foto El Mundo

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