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Carta abierta de un funcionario de prisiones a un periodista del El Confidencial

Ángel Muela

Leo su titular en busca de carnaza y no puedo por más que sentir; por decirlo de alguna manera: tristeza.

Tristeza por como un profesional del medio, intenta atraer la atención de manera chabacana, como hacen, hoy en día por desgracia, muchos compañeros de su profesión. En un mundo donde las noticias sin sustancias, cogidas con alfileres a un titular llamativo, corren como la pólvora por las redes sociales en formas de fakenews, o cuando menos, con el mínimo del rigor informativo que se les presupone, ¡y van justitas!; me voy a rebajar a su lenguaje de chisme tabernero, para darle una serie de aclaraciones que pudiera tener en cuenta en futuras “noticias”.

Primero: si interior abre una información reservada a fin de esclarecer los motivos que fundamenta la denuncia de un interno, o como en este caso, la de un profesional del Centro. Ya, usted, da por sentado, que se han expedientado a los funcionarios, sin esperar, tan siquiera, a la resolución de dicho procedimiento, que consta cuando menos, de una fase de instrucción, y una fase de resolución: como la mayoría de procedimientos administrativos. En este caso en concreto, se tendría que esperar a la resolución de la fase judicial, pero usted en esa búsqueda de lectores sensacionalistas y de poco calado, ya ha resuelto el expediente. ¡Que después!, debido entre otras cosas a su falta de rigor en la información dada, se ve, en la obligación de matizar.

Prosigue la noticia, subrayando en negrita un supuesto incidente… con la intención de justificar la falta de profesionalidad de los funcionarios, tachándolos con ese subrayado, de la comisión de un delito de falsificación en documento público, que después, ¡eso sí!, pasa usted a explicar de manera pormenorizada, pasándose por el “forro”, digámoslo en su lenguaje, la presunción de inocencia, que de darse el caso, ya que está abierta, parece ser, unas diligencias judiciales, se les presupone.

También me gustaría aclararle: que en las prisiones no existe autoridad, y si se refiere a las órdenes dadas por los funcionarios en el desempeño de sus funciones, entre otras cosas para evitar el desorden dentro de las mismas e impedir que entre los internos se corte el cuello, por ponerle un ejemplo básico, para que usted lo entienda, como pasa en las prisiones de Sudamérica. Existe una serie de artículos, (eso ya le toca averiguarlo), que dotan a los funcionarios de prisiones, previa autorización del Director, en la práctica de quien ostenta esta responsabilidad en ausencia de mismo: el Sr. Jefe de Servicios, y comunicación posterior al Juzgado de vigilancia, la utilización de los medios coercitivos amparados por la ley y el reglamento, para entre otras cosas: impedir actos de evasión o de violencia de los internos, daños así mismo, o otras personas o cosas, o para vencer la resistencia activa o pasiva de los internos a las órdenes del personal penitenciario en el ejercicio de su cargo. Porque, si no, para que usted lo pueda llegar a comprender, y con eso no estoy justificando ninguna acción fuera de este marco: individuos con los que usted pudiera cruzarse, fuera del entorno que le brinda la seguridad de su despacho o su puesto de trabajo, que le aseguro, que le pondría el esfínter en una situación tal, que no le cabria un balín “engrasao”; puedan tomar el control de la prisión, o hagan, lo que les viene en gana, con todas las consecuencias que de las acciones de estos individuos retirados de la sociedad, se les “presupone”. Y en definitiva, podamos llevar a cabo, la más loable de las tareas: la consecución de un ambiente adecuado para el éxito del tratamiento artículo 25 de la Constitución. Piedra angular en la que se basa el sistema penitenciario español, aun con sus defectos, muy señor mío. Esta forma de proceder, que usted ha mal utilizado a mi entender en su artículo, es más propia de un “junta letras”, que de alguien que se le presupone un profesional de un medio de comunicación.

Y flaco favor hace, con este tipo de noticias, dadas de esta manera, a esta Institución llena de profesionales, que nos dejamos la piel día a día, a pesar del abandono de la Administración, que en muchos casos no nos dota de las herramientas adecuadas para que nuestra tarea se pueda llevar con mayores garantías, tanto para el colectivo de profesionales, como para el de internos. Espero haberle ayudado a aclarar algunas dudas que le puedan servir en ulteriores “noticias”.

Atentamente se despide: un funcionario de prisiones.

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