• Colaboraciones,  Terrorismo

    Homenaje a JOSÉ RAMÓN DOMÍNGUEZ BURILLO, Funcionario de Prisiones asesinado por ETA el 22 de enero de 1993


    José: Te queremos.

    ¿Qué nos puede facultar
    para segar una vida?
    Era pacífico, bueno,
    estudioso y entregado
    en sus quehaceres diarios
    a ayudar a los internos.
    No se metía con nadie.
    No prejuzgaba conductas
    ni se movía en política,
    mas eta lo señaló.
    Fue vilmente asesinado
    un mal 22 de enero
    cuando iba a trabajar
    al centro de Martutene.
    Estaba en los treinta y tres,
    pleno de vida y proyectos.
    Quería formar familia,
    casarse, tener chiquillos…
    Le llamábamos José.
    Su nombre, José Ramón.
    José Ramón Domínguez Burillo.
    Un hombre bueno y pacífico.

    Dimas Domínguez. Burgos, 22-1-2021


    Antes de comenzar este escrito, debo darte las Gracias querido Dimas por la confianza que siempre me obsequias desde que nos conocimos, por poder en mayor o menor medida ofrecer el cariño penitenciario y personal hacia José Ramón, hacia Roberto, a los compañeros y amigos que compartieron su vida con él y por extensión a toda vuestra familia.

    Esta pandemia nos obliga a permanecer confinados perimetralmente sin poder movernos, donde en el día de hoy deberíamos estar todos los compañeros juntos, honrando a José Ramón en Burgos y ofreciendo un Ramo de flores y una cinta del Pilar que depositamos ennobleciendo su figura.

    Han transcurrido veintiocho años desde que lo asesinaron, por la espalda, cobardemente, de camino hacia el Centro Penitenciario de Martutene donde
    trabajaba como Educador, destrozando en la familia toda opción a vivir en paz. Y nace, el inhumano sentimiento de una sensación de vacío por la ausencia de alguien a quien se le quiere, de un amor tan profundo que desde entonces la separación fracturan el corazón y la vida.

    Son las balas más dañinas del salvajismo. Cruel y déspota. Odiaban por odiar, sin motivos verdaderos, sin comprender, el odio por el odio, el que carece de sentido, el que envenena y pudre todo corazón. Ese miserable sentimiento que va contaminando el alma hasta afectar a su propio raciocinio.

    Y he aquí tu enorme grandeza querido compañero, a ti, que lo único que te importaba eran los demás, la virtud de tu honor, el poder ayudarles, el que se sintieran a gusto en un lugar de contrición penal. A ti, que lo dabas todo por ellos, a ti, sin importarte el delito, sin importarte el delincuente y sí la persona. A ti, que lo diste todo por lo que creías, fiel y consciente de tu deber, A ti, que conferiste a la reinserción social el pilar de tu fe penitenciaria. A ti, héroe.

    Hacías cosas impensables de forma invisible para el resto de una sociedad ciega al trabajo penitenciario, tan solo absorbido por el propio interno que te veía como lo que siempre fuiste, un tipo bueno, sujeto al servicio del prójimo. Responsable en su deber.

    “… no dudes compañero. Hay situaciones y personas malas en el mundo. Algunas de ellas no se pueden cambiar, no se pueden obviar, y aun así tenemos el deber de no juzgarlas, de aceptar el reto personal y profesional de ayudarlas, de hacerlas cambiar, de ofrecerles la posibilidad de que algo mejor está esperándoles ahí fuera…”

    Querido José Ramón, tú que tienes buen corazón, estoy convencido que me hubieras ofrecido lo dicho cada vez que la vacilación hubiera acometido impetuosamente mi quehacer penitenciario.

    Te recordaremos por mucho tiempo compañero.

    Con Cariño sincero, Tony.

    CP Pamplona I

  • Artículos,  Colaboraciones

    LA NAVIDAD, LA RELIGION Y LAS HORTERAS

    Mi espíritu navideño es cero. Me asombro – el andar a todas horas con el coronavirus nos tiene hasta los moños de aburrimiento-. Me asombro, digo, de los medios que hacen un drama porque hay mil o dos mil camioneros atascados en el canal de la Mancha. Los ingleses se empeñan en ser como siempre: unos chulos inasequibles al desaliento que se sienten superiores al resto del mundo. Soy solidario con los camioneros y entiendo su trabajo esencial en la actividad económica y social.

    ¿Es un drama que los camioneros cenen un bocadillo y duerman en la cabina del camión en Nochebuena? Es su trabajo, tan esencial como otros, y tiene muy poco de extraordinario. No me voy a poner a llorar porque anden amontonados en Dover soñando con su familia, con el pavo y los villancicos. Yo me he pegado veinte o treinta Nochebuenas y Nocheviejas en la cárcel y no por eso pido un monumento, ni que me otorguen la medalla al mérito civil de manos de ningún rey. Hay mil profesiones que sufren mil incomodidades. Cada una la suya. El ministro de transporte, por cierto, en lugar de ir al túnel o al canal a ver el jaleo e intentar negociar una solución rápida, se dedica a pontificar sobre la igualdad ante la ley que disfrutan los gobernantes catalanes que organizaron el golpe de 1-O. Pueden vestirlo de rosa, pueden ponerle un lazo, pero eso fue un golpe de estado. No el tejerazo, pero golpe.

    Las Nochebuenas y viejas en las cárceles son peculiares. O lo eran, que yo he perdido hasta el recuerdo de aquel trabajo. Los presos – cosa de la cultura judeo cristiana en que hemos estado inmersos desde hace siglos- se ponían morriñosos, añoraban a la mujer, a la madre, a los hijos – como los camioneros en el paso del canal, como los emigrantes, como los militares en misiones internacionales-. La administración intentaba endulzar esos días y tiraba la casa por la ventana con un menú espectacular: sopa de marisco, pierna de cordero, turrón… Cuando yo era joven, y el último mono de la cárcel, hasta había vino. Luego cerveza y los presos potentes económicamente perdían el culo por acumular dos o tres vasos -lo legal era uno por persona- para ponerse en condiciones en un día tan señalado. Luego, el vino y la cerveza se suprimieron y llegaron otras drogas. Había presos que, antes de la Navidad, se procuraban sus pastillas o sus dosis de lo que fuese porque, como oí decir a uno, “la droga me quita cárcel” y “yo me monto la fiesta a mi manera”.

    Más de una Nochebuena y vieja terminaban como el rosario de la aurora en aquellos comedores colectivos y en aquellas galerías amontonadas, hoy convertidas – tras el pertinente lavado de cara- en palacio de justicia porque todos los “colocones” terminan sin dudarlo en un follón de tres pares.

    Una Nochevieja – permítanme la enésima batalla de abuelo cebolleta- yo no era ya el último mono de la cárcel, era el director, aunque seguí metido en el fango como el primer día. Había quedado con dos jueces para cenar y brindar por el año nuevo. Habíamos puesto diez mil pesetas por pareja lo que nos daba la posibilidad de una cena familiar y lujosa a todo trapo. Ambos jueces, más o menos de mi quinta, siguen en activo y yo soy el único desecho de tienta.

    Quise quedar como dios con los funcionarios y en el relevo nocturno, cuando entraban los que pasarían la noche en la cárcel como los camioneros en el canal, pasé con dos botellas de cava para desearnos todos un magnífico año 1992, creo recordar.

    Mi gozo en un pozo. Falta un preso y no sale el recuento. Vamos a contar otra vez y otra y otra. No hay cojones. Falta un preso y no hay cena ni uvas ni matasuegras ni gambas ni hostias. Las campanadas nos dan buscando al tío que falta. Pasada la una de la madrugada, cuando mis colegas comensales ya habían hecho la digestión de las uvas y el marisco, apareció el tipo en un aseo, tirado en el suelo detrás de la taza del váter y con una jeringuilla clavada en el brazo. Se salvó por los pelos. Si los funcionarios tardan diez minutos más no lo cuenta.

     

    Mi novia guapísima lloraba como una Magdalena, el rímel con churretes por toda la cara y la estola de plumas negras brillantes tirada por el suelo con un cabreo monumental y lógico. Conseguí que aplazara un par de días su decisión de dejarme – aún la entiendo y le alabo el gusto- y, después de pasar dos controles policiales que buscaban ya gente pasada de copas a la una y media de la madrugada, llegamos a cenar a las sobras. Las navidades en las cárceles siempre han sido conflictivas y entonces no había ni bufandas ni paga de cien euros por tener servicio esos días señalados.

    No puedo dejar de comentar la última gilipollez que leo en un periódico y me borro de leer noticias en este año nefasto. He votado a los socialistas más de veinte veces. Nunca a la derecha. Dos veces a los podemitas y las dos últimas a los animalistas. No soy creyente. No creo que la madre de Jesús de Nazaret fuera virgen ni que él fuese engendrado por ningún espíritu santo. No creo que vayamos a resucitar y a rendir cuentas ante nadie. No creo que recibiremos ningún premio ni castigo en ninguna vida eterna porque, como decía Sartre “el infierno son los otros”: los plastas, los golfos, los vividores, los vecinos coñazos, las feministas rabiosas, los sindicalistas que se hacen los imprescindibles, que pasean el folio y no dan golpe, los políticos trepadores e inútiles… Ahí está el infierno y no en ninguna caldera con Pedro Botero machacando con el tridente.

    Una señora, líder socialista en Valencia – menuda mierda de líder, que por sus obras las conoceréis- ha tenido la ocurrencia de ser original en su felicitación navideña. No es mi prima aunque se apellide Gómez. Hay en su felicitación una mujer joven, abierta de piernas, con un gesto de dolor y chillando como se chilla en un parto. La imagen pretende ser de un portal de Belén moderno y alejado del almíbar de los nacimientos clásicos.

    La frase felicitadora no tiene desperdicio: “Hasta Dios nació del coño de una mujer. Que el día de hoy sirva también para recordar lo maravillosas, increíbles e importantes que somos las mujeres. (Y para que recordemos nosotras cuánto vale nuestro coño)”.

    Es imposible – dejemos aparte la sintaxis y la redacción penosa- ser más hortera, más vulgar y soez. No soy miembro de los abogados cristianos ni propugno denuncias penales ante el mal gusto, la zafiedad y la ordinariez.

    Señora concejala: mucho antes de que naciera Jesús de Nazaret, las religiones precedentes1, los cultos védicos en la India o las creencias maniqueas en Mesopotamia, ya hablaban del nacimiento de un ser extraordinario, de una virgen. Las religiones sumerias, acádicas, ugaríticas o cananeas, también. Hasta Mahoma – con él no se atreve usted porque los moros son cosa seria- participa en su invento religioso de ritos, tradiciones y leyendas tomadas del cristianismo y de religiones anteriores.2

    ¿Cree usted que quienes hemos nacido de una mujer – todos-, quienes tenemos mujer, hermanas, hijas y hasta nietas, necesitamos que nos explique de esa forma sangrante y grosera, para llamar la atención, la importancia de las mujeres?

    En más de mil artículos – escritos algunos antes de que usted naciera- le he dado cera a todas las religiones. Todas son un intento de explicar la realidad de manera acientífica y de acaparar poder sobre los grupos humanos con el cuento de la muerte, el paraíso, la resurrección y el juicio final. Nunca he faltado al respeto ni a Jesús de Nazaret – personaje histórico importantísimo, aunque no resucitara- ni a su madre que sufrió, como tantas otras, el asesinato de un hijo que incomodaba a los poderes fácticos y corruptos de la época.

    Destaque usted en política de otra manera. Llame la atención por sus obras en beneficio de los ciudadanos. Deje el coño para menesteres íntimos. No sea hortera y no confunda ser progre con ser chabacana. Ni a la sombra de Ábalos le auguro éxito político con semejantes gilipolleces.

    1 Lea usted por el ejemplo El catolicismo explicado a las ovejas de mi amigo Juan Eslava Galán

    2 Lea usted Mahoma de Gaudefroy-Desmombynes; Historia de las creencias y las ideas religiosas de Mircea Eliade o El terrorismo integrista ¿Guerras de religión? De un servidor que gustosamente le regalaré para que aprenda.

  • Colaboraciones

    Prisiones, silenciados por los violentos, amordazados por Sánchez por Ana Vázquez (PP)

    Tercera entrega previa a las elecciones del domingo, artículo de Ana Belén Vázquez Blanco, diputada y vocal de la Comisión de Interior.

    Esperamos nos remitan sus artículos Psoe y Podemos para cerrar esta serie de colaboraciones

    La tarea que realizan los funcionarios de prisiones, esencial para la democracia, debe ser mejor reconocida. El GPP reclama que se mejore su retribución, se amplíen las plantillas y se les garantice su carácter de agentes de autoridad.


    Estamos ante un colectivo fundamental en la Seguridad de nuestro país, un colectivo que sufrió en sus carnes la barbarie terrorista y que ahora se encuentra sometido a la mordaza de un Gobierno que no consiente que se conozca su labor y sus condiciones sociolaborales. Un colectivo con el que tenemos una deuda histórica y que me obliga a pedir disculpas por no haberlo hecho antes.

  • Colaboraciones

    Rafa, para lo bueno y lo malo, un currante

     

    En prisión, si te tocas los huevos, acabas mal”

    Es un tipo duro, pero en el buen sentido de la palabra, con una dureza honesta que otorga una vida muy vivida. Duro y honesto; su sinceridad se trasluce en la pasión con la que dice las cosas, con la que recuerda su estancia en prisión. Sus brazos, tatuados, sacudidos por las adicciones de juventud, y trabajados, muy trabajados, dejan a entrever que Rafa nunca se ha detenido, ni siquiera cuando le han venido mal dadas.

    Ha sido un currela siempre, dentro y fuera de la cárcel donde, asegura, ha aprendido mucho de lo que hoy sabe. “Yo entré a pagar seis meses por una estafa y allí aprendí. Me enseñaron cosas para sobrevivir y cuando salí, como andaba mal de dinero y no tenía nada, empecé a robar bancos”, se sincera.

    No era su mejor opción pero se la jugó, y esta jugada no se alargó mucho en el tiempo porque enseguida volvió al punto de partida. “Mi primer atraco fue al ‘tun tun’ y lo hicimos en una sucursal en Bujaraloz. Mi compañero de causa me estaba esperando en el coche y yo entré solo con el arma de fuego que llevaba siempre conmigo”, recuerda. Rafa nunca llegó a disparar a nadie pero cuando le insistes lo deja bastante claro: “También te digo que nunca he disparado a nadie pero si te pones delante…”.

    De aquella primera vez se acordaría toda su vida. “Entré y me encontré con un tipo muy alto. Era enorme y al verme armado me dijo: “¡Ala chaval, que eso es de juguete, macho!”. Y cuando ‘le tiré del carro y vio saltar la bellota’ se meó en el sitio. Se pegó una meada…”, asegura Rafa entre risas.

    Aquel día se llevaron un millón de las antiguas pesetas. Un dinero que no pudieron gastar. “Nos cogieron al poco y fue jodido porque me metieron tres bancos más. Era la primera vez y no se puede ir a cara descubierta y de cualquier manera como lo hicimos nosotros”, se lamenta.

    Sé cosas de Daroca que nadie sabe”

    Corría el año 1993 y Rafa tenía 24 años cuando entró en la antigua cárcel de Torrero. “Me pilló en una época diferente. Antes entrabas en prisión y tenías que ser más bravo, que hacerte respetar, porque si no iban a por ti”. Al poco tiempo le trasladaron al Centro Penitenciario de Daroca, en la provincia de Zaragoza.

    Allí conocía a gente pero desde el principio quiso mantenerse ocupado. Intentar huir de sus vicios y labrarse una vida en prisión sin depender de nada ni de nadie. “Al mes de llegar coincidió que estaban buscando a un soldador y me vino al pelo porque yo lo era”, se sonríe. “Había un chaval que no sabía hacerlo y llegó el jefe de mantenimiento y al verme trabajar me fichó y estuve 8 años en mantenimiento”.

    Empezó cobrando 8.000 pesetas y fue subiendo hasta llegar a las 45.000 pesetas al mes. “Vivía de puta madre, algo que te hace ganarte amigos y enemigos. “Yo iba a hacer una reparación a un módulo y no tocaba el timbre. Entraba con mi propia llave, abría y subía; tenía un cargo de confianza y siempre cumplí con ello”, se sincera.

    Por eso no le cuesta decir que conoce cada uno de los recovecos de esta prisión, secretos, explica Rafa, que poca gente conoce. “El Subdirector de Seguridad me dijo una vez: Usted a esta prisión con otra condena gorda no vuelve por mis narices. Me puede preparar una muy gorda. Pero yo siempre cumplí mi condena, y tengo familia que es algo que cambia mucho el punto de vista”, reconoce.

    Según dicen, yo soy un tío de puta madre, pero a malas no me conozcas”

    Hoy me habla a corazón abierto, sabiendo que la vida le sigue dando algún que otro palo pero soy consciente de que tiene intención de devolver todos y cada uno de los golpes que reciba. “Según dicen, yo soy un tío de puta madre, pero a malas no me conozcas”, matiza.

    En la cárcel esta aptitud también le ha comprometido. Levanta su camiseta para enseñarme la estela de una antigua cuchillada que recibió en los baños de prisión. “Le quitó la droga a otro recluso y no me pareció bien. Me llevé una cuchillada pero el otro se pegó tres meses en el hospital y lo cambiaron de prisión”, admite.

    Es el ejemplo de su vida carcelaria que le gusta poner para recordarme que el respeto es uno de los valores más importantes de la vida, y ese respeto lo aprendió estando privado de libertad. “Allí en prisión tú vas a comer y tienes tu sitio. Nadie se sienta ahí aunque estés de permiso y ese sitio esté vacío. Los que están en la mesa te dirán que te puedes sentar hasta que la persona vuelva de permiso. En un autobús entra una mujer mayor y, ¿quién se levanta para dejarle el sitio? Yo, porque lo he aprendido así”, afirma Rafa de manera categórica. Incluso va más allá y lanza esta propuesta: “Como en su día la ‘mili’, todos tendríamos que pasar una temporada en la cárcel para aprender determinadas cosas”.

    En prisión, si das por culo, te joderán”

    Cada palabra, cada frase de Rafa es una sentencia, un titular llamativo, algo que te golpea el oído y te deja pensativo, reflexionando un instante. “En la cárcel hay ángeles y demonios. Hay gente que va a hacer daño o se quiere ganar su libertad haciéndote daño. Son personas sin principios y a mi esa gente no me dice nada”.

    Lo dice con la palabra que le va saliendo entre calada y calada, pero también con la mirada, otra de las cosas que se llevó de la cárcel. Una mirada que lo cuenta todo, sin pestañear, manteniéndola para que vean que respetas y para conseguir también que te respeten. “La mirada es algo que también se aprende en prisión. Para respetar y que te respeten hay que mirar a la cara, como nos estamos mirando ahora tu y yo”, me enseña.

    El respeto, la mirada, el buscarte la vida con las manos pero de manera honesta y el “no dan por culo al prójimo”, son parte de todo lo que este ex atracador de bancos aprendió entre rejas. Algunas de estas cosas, me cuenta, te las enseñan nada más entrar. “Cuando entras en prisión te dicen siempre: Ya sabes dónde estás, a partir de aquí ya eres tú o soy yo. Soy he estado seis meses en primer grado con una propuesta de un año y a los seis meses he salido. Hay gente que ha entrado para tres meses y ha estado dos años. Si los funcionarios no informan que tu conducta es correcta nunca pasarás a un segundo o tercer grado”, reconoce.

    Es la recompensa que tiene llevar una “buena vida” en prisión. El tesoro que Rafa sigue guardando con mucho recelo. “Da igual que sea policía o funcionario, cuanto más les des por culo más te joderán. Ellos no pueden estar permanentemente pendientes de ti. Si tienes que cumplir un castigo y quieres que sea el menor posible, si no lo haces así, es que eres tonto”.

    Una vida para buscarse, otra para encontrarse y esta otra en la que quiere vivir, si le dejan. Este preso aragonés responde porque no le gusta esconderse y porque quiere que todos sepan que de la cárcel, como en la vida, una puede sacar lo bueno o lo malo. “En prisión, si te tocas los huevos, irán a por ti”. Y matiza, “y si se los tocas a los demás”. Un consejo fácil de entender; otra cosa es practicar con el ejemplo.

    Rafa lo hace y tiene pinta que seguirá haciéndolo hasta que se muere. De momento sigue para adelante y ya tiene hasta fecha que reivindicar.”Este ocho de julio firmó ya y estoy limpio”, me cuenta orgulloso de haber dejado atrás una larga etapa que espera no revivir porque ya no tiene, asegura, ganas ni cuerpo, y porque de todo se aprende.

  • Colaboraciones

    La soledad de un número primo

    Hace un calor de tres pares, aplastante. Lo soporto como puedo, con un abanico de mi bisabuela – de antes de la guerra, por eso mismo- de los de varillas de madera esmaltadas y una gitana dibujada a pincel en la tela, y con los pies metidos en una palangana, al viejo estilo porque hoy, toses dos veces con el aire acondicionado, y los vecinos llaman a la policía para que te desalojen. Me llama un policía local amigo. “Oye, capullo, no escribas más sobre esos perros torturados porque no se puede hacer nada. Y tú…siempre echándole la culpa a la policía local”. Como es amigo no me voy a tirar al cuello. Podíais, por ejemplo, levantar acta de la tortura a los perros – maltrato animal artículo 337 del código penal- y tortura para los ciudadanos que soportan los ladridos día y noche – contaminación acústica artículo 325 del código- y podíais llevar el acta al juzgado que corresponda para que actúen.

    En fin, veo que aquí, el Estado de Derecho del que tanto nos jactamos sacando pecho, no es tan perfecto como quieren pintarlo: siguen las andanzas de Dina Bousselham y no pasa nada. Hasta algún tabloide habla de espionaje y de no sé que películas del 007 y servicios secretos morunos. Con dieciocho años puedes y exiges volver a casa sola y borrada y, con veinticinco, te quieren proteger y no puedes conservar tu propia tarjeta del móvil. No entiendo esta concepción del patriarcado. La ultraderecha mañanera quiere sangre.

    Sigue Corinna diciendo que el emérito le dio 65 millones de euros, por amor y gratitud, y no pasa nada. Demasiado amor me parece eso, nunca me han querido a mí ni la milésima parte y me han puesto todos los aditamentos lo mismo que a esa duquesa de hojalata.

    Voy por la noche en moto, por la gran vía cerca del puente rojo, y se me atraviesa un tío con un patinete negro, él vestido de negro y sin luces…y no pasa nada. Alicante, ciudad sin ley.

    Estoy viendo el Bilbao contra el Real Madrid y veo una pancarta que coge un fondo entero de San Mamés. “JoTaKe Irabazi Arte” que en euskera significa “Golpear hasta ganar”. Ese es el lema que usaron los etarras – me reafirmo en que hoy la dispersión no tiene sentido-. La señora Irene Lozano, antes de UPyD, antes de Ciudadanos, hoy del PSOE, que dicen que escribe libros a gente importante…¿No se entera en su secretaría de estado para los deportes? ¿Tampoco Tebas ni Rubiales? Ahhh, es que se toma como un grito de animación para luchar deportivamente. Pues yo lo leí miles de veces en las cartas de los etarras como lema propio. Creo que voy a echarme al monte disfrazado de jubilado indigente para confundirme con el terreno.

    Me salva una amiga – de la que tenía que haberme enamorado en su momento y no a destiempo-. Enamorarse fuera de hora es una tragedia griega porque todo el mundo anda con mil achaques, con compromisos, con cuentas conjuntas, niños que no han acabado la carrera…y se genera un follón, que ni el golpe de Tejero: todos contra todos y ni con dos docenas de condenas de treinta años y tres centenares de abogados, se arregla el desaguisado.

    Me viene a las manos “La soledad de los números primos”, un obrón como un piano de cola. Me salva la buena literatura. Nada de una tontería de esas que escribe un negro por compromiso y por tres mil euros y firma un famosillo de la televisión. Paolo Giordano se ha convertido en un clásico. Tiene apellido de hereje, como Giordano Bruno, quemado por la Santa Inquisición en 1600 por afirmar, de manera contumaz, que la tierra no era el centro del universo. Paolo publicó su libro hace más de doce años y sigue tan fresco y vigente como el primer día.

    Yo, en mi colegio de los claretianos – sector pobre, con beca, con libros de segunda mano y sin derecho a rotuladores de distintos colores ni libretas que me hacían nacer una envidia negra como el sobaco de un grillo- estuve castigado desde primero hasta cuarto de bachiller. No llegué a disfrutar en cuatro años ni media docena de recreos. No me tiraré faroles que a estas alturas no proceden, pero sacaba sobresaliente en todo y suspendía la conducta, la aplicación y la piedad. Sí señor, los curas daban notas en piedad y yo suspendía.

    Mire usted padre – le decía al cura intentando hacerle la rosca porque estaba hasta los huevos de castigos en el rincón húmedo- yo intento rezar, lo mismo que todos pero se ve que Dios a ellos les habla y a mí no me dice nada. ¡Cojones! Ese es el fallo, por eso mi piedad renquea como un motor gripado. Y ya estaba suspenso otra vez al mes siguiente porque el cura achacaba el silencio de Dios a una soberbia incipiente que el tal señor de barba larga ya había calado.

    En aquellos recreos gélidos granadinos, compartía rincón húmedo – desde entonces me duele el hombro derecho- con otros dos o tres desgraciados y recuerdo cómo un día, el tema de conversación fue el misterio de los números primos.

    Un cura sobón, gordo y con gafas de culo de vaso nos daba clase de matemáticas, el padre Arcadio. También acostumbraba a acojonarnos por las noches, en una capilla tétrica, avisándonos de una muerte y una condenación inminente por las ofensas que habíamos hecho a Dios. Yo, con nueve y diez años, no alcanzaba a equilibrar la gravedad de mis ofensas con la certeza de arder eternamente en el infierno. Desde pequeño me gustaba el equilibrio entre la ofensa y el castigo.

    Este cura, sobón y amenazante, nos hablaba de “La criba de Eratóstenes”. Ese es el griego que inventó la tabla – su criba- en la que se van tachando números hasta que solo quedan los que son divisibles por sí mismos y por la unidad. Esos son los primos. ¡Leches! A ver si a la vejez voy a ser un genio matemático y no me he enterado a lo largo de toda mi desastrosa carrera profesional.

    obra de Paolo Giordano es una delicia absoluta y, a la vez, un profundo tratado de filosofía pura. Los protagonistas – saben que soy alérgico a reventar las novelas- Alice della Rocca y Mattia Balossino son dos seres peculiares. Un psicólogo actual les llamaría autistas con toda seguridad, dos asperger – mi máximo respeto a estas personas-. Incapaces de relacionarse con nadie, ensimismados, aislados del resto del mundo, encuentran un nexo de unión muy particular. Mattía es un matemático genial – algo así como Russelll Crowe en Una mente maravillosa- pero, incluso las matemáticas las mira con la indiferencia del existencialista pasota. Ella no es nada. Una chica, que cojea ostensiblemente por un antiguo accidente de esquí y que sueña con el único ser con el que puede tener un contacto mínimamente gratificante, aunque cada vez que están juntos es como si estuvieran solos.

    La novela deja meridianamente clara la esencial soledad del ser humano. Esta novela la podría haber escrito perfectamente Ortega y Gasset, con ese toque existencialista entre Camus y Sartre que nadie le ha dado, o yo no lo he visto: La vida humana ese radicalmente soledad. La vida, siempre y solo, es la de cada cual. Nadie vive mi vida, nadie muere mi muerte. Y la vida de los otros, incluso de los más cercanos, no deja de ser para mí un espectáculo externo. Mi vida no es sino un chocarse y enfrentarse continuamente con todo aquello que integra el mundo que, inevitablemente, me es ajeno. El mundo externo no es yo.

    Bueno…me he pasado con la filosofía Orteguiana pero esas son las tesis esenciales que en este magnífico libro – a mi entender- se contienen, expresadas a través de la vida de estos dos protagonistas que, evidentemente, son dos solitarios.

    Lectura recomendadísima para huir de la estupidez reinante.

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    Hablemos de las cárceles XVI: El régimen FIES y la dispersión de los presos etarras

    Ya tenemos encima las vacaciones, algo que a los jubilados nos trae al fresco. Tengo un amigo que dice: Hoy he descansado por partida triple, por confinado, porque es festivo y por jubilado. En esas estoy yo. Dadas las vacaciones y la calina que está cayendo, aunque hay sitios peores que Alicante, dejaremos a Infoprisiones descansar en la temporada veraniega que no está bien hacerse pelmazo y hay que seguir las instrucciones de Baltasar Gracián: Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

    Habíamos dejado nuestra historia penitenciaria en la llegada de Antonio Asunción, sin ningún género de dudas el mejor gestor penitenciario del siglo XX, incluido García Valdés que marcó un hito con la creación de la Ley General.

    Habíamos dejado a Antonio – subtitularon el artículo anterior, los motines de principios de los 90- con las grandes trifulcas carcelarias que montaron unos cuantos listos y psicópatas como ellos solos -leed de nuevo ese artículo de los motines- y con la creación del FIES.

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    Hablemos de las cárceles XV: La vida alucinante.

    Hay una frase que los chavales de hoy -también de los presos de nuestras cárceles, perdón, de las vuestras, que yo me he jubilado y ya no trabajo ahí- repiten casi continuamente, cuando algo les produce asombro o cuando una situación les resulta difícil de entender: “alucino por un tubo”. Esta frase tiene una variante que también nos vale: “Yo es que lo flipo”.

    Ninguna de las dos expresiones es muy académica pero ya verán cómo pronto, los señores encargados de “limpiar, fijar y dar esplendor”, la admiten en los diccionarios de la RAE por aquello de que el lenguaje es un ente vivo y es el pueblo quien lo hace cada día.

    Bueno, pues yo alucino por un tubo y flipo en colores contemplando, desde mi observatorio privilegiado, lo que pasa cada día en este país de los cojones, perdón, en este país del alma, que es el mío.

    No se puede ver la televisión, no se puede oír un solo informativo en las radios, no se puede leer prensa…porque sale uno con los pelos como escarpias, acojonado y pidiendo hora para el primer psiquiatra que encuentre en Muface, porque las depresiones indignadas están a la orden del día y desde que empiezas a ver cualquier telediario.

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    Hablemos de las cárceles XIV: los motines de principio de los 90

    No me cuesta trabajo pedir perdón si me equivoco y meto la pata. Un antiguo amigo, en relación con mi artículo anterior, en el que recriminaba el video vergonzoso de la señora ministra Irene Montero, ese en el que decía “tía, mogollón de peña volcada…” y algunas otras sandeces, que luego intentó enmendar diciendo que era una conversación privada y había sido dicho “off the record”. Yo afirmaba en mi artículo textualmente: “dos pelotas distintos –uno y una- arreglan el pelo a la señora ministra para que luzca en todo su esplendor”. Mi antiguo amigo comenta y afirma: “No le arreglan el pelo dos pelotas. Son dos trabajadores de ETB que le colocan el pinganillo minutos antes de entrar en antena. Normal salvo para los que ven lo que quieren ver”.

  • Colaboraciones

    En esta España convulsa

    Me quedé, en el artículo anterior, “Hablemos de las cárceles”, en el Psiquiátrico Penitenciario. Me pasé en la extensión y no pude completar todo lo que quería decir. Hasta ayer mismo, hace solo unos cuantos años, la demostración de que a los enfermos mentales – acuérdense de los argumentos de la Escuela Crítica de Criminología sobre cómo la sociedad hospitaliza, encarcela o psiquiatriza a lo que molesta, es feo o es inútil- era evidente en los psiquiátricos. Una persona llevaba a cabo una barbaridad – incluso algo más leve que una gran barbaridad- y, al comprobar que estaba loco, sin siquiera celebrar el juicio que es el lugar y el momento en el que se ponen sobra la mesa pruebas, testimonios y argumentos sobre el hecho que se juzga, sin celebrar juicio se ponía sobre el papel timbrado de los juzgados una frase lapidaria que era casi una sentencia a cadena perpetua. “Se decreta el internamiento en un centro para los enfermos de su clase del que no podrá salir sin autorización del tribunal” – o algo así, que yo ya he olvidado que trabajé en esos sitios, cárceles y psiquiátricos penitenciarios.

  • Colaboraciones

    1984 : Elogio y añoranza de la disidencia.

    Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas”.

    George Orwell extracto de su célebre obra, “1984”.

    Leer la obra , hoy en día la novela “1984”, da una visión de rabiosa actualidad de la fábula del totalitarismo creada por el autor británico Eric Arthur Blair (más conocido por el seudónimo de George Orwell ) escrita en el año 1948 , todavía produce un impacto brutal lo relatado ,en nuestra realidad cotidiana que tenemos que sufrir en 2020. En primer lugar, porque reconocemos lo que describe en lo que estamos viviendo cuando describe el comportamiento de odio de la muchedumbre a través de las redes, en que el “Gran Hermano” que lo observa y lo visiona todo.( ¿ Les suena todo esto de algo? ).

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