Colaboraciones

Confinamiento dentro del confinamiento

Para un recluso hay momentos de incalculable valor, momentos que debido a la pandemia originada por el coronavirus, la población en libertad también considera de vital importancia.

EL coronavirus no entiende de colectivos o particularidades, sin embargo, en la práctica si existen diferencias. Hay colectivos y colectivos.

No sería de justicia entender que el COVID-19 se vive de igual manera como enfermo en un hospital, como personal sanitario, como funcionario de prisiones, ni como recluso. Las medidas que rodean a estos colectivos, al menos, las que debieran rodearles, son más estrictas dado los riesgos que corren. Por descontado que las medidas se toman para evitar la propagación del virus, pero es una moneda con otra cara.

La reclusión, separa de la sociedad, a los presos. Los privados de libertad, en situaciones normales, tienen limitadas sus relaciones familiares y sociales, sin embargo, durante esta situación de extrema excepcionalidad, la comunicación y relaciones con el exterior por parte de los presos se ven aún más limitadas por lo que el cumplimiento de las penas establecidas se endurece. Padres, madres, hijos, amigos, sufren también las restricciones, endurecidas por el coste de una breve llamada telefónica o por no poder acceder a una oficina de correos para enviar unas líneas, por no mencionar que este servicio, también funciona, con menos velocidad, nuevamente, por cortesía del COVID-19.

Resignación, aceptación y esperanza.

Para conocer como un padre, privado de libertad, gestiona esta situación con uno de sus hijos, mientras atraviesa la metamorfosis de la pre- adolescencia , Isaac Vidal , comparte un post

Sobre su vivencia personal y familiar, incluyendo parte de esas breves conversaciones con su hijo, siempre, con un final positivo y alentador, que puede leerse aquí al completo https://bit.ly/coronavirus-en-prision

Imagen: Ricardo Vilardi