Conrada Muñoz Herrera. Madre de Funcionario de Prisiones asesinada por ETA el 11 de agosto de 1989

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Montillana es un pueblecito no muy extenso en la provincia de Granada a unos cincuenta y cinco kilómetros de la capital; los montillaneros o los añoretos, como así los suelen reconocer los habitantes de las localidades cercanas por la existencia de una antigua fuente llamada “fuente de la añoreta”, son gente sencilla, volcada en la agricultura como principal fuente de riqueza.

Pueblo hermoso y que en su espaciosa llanura como testigo mudo, irrumpe la torre de la iglesia parroquial consagrada a Santa Ana donde hace treinta años, un once de agosto de mil novecientos ochenta y nueve cristalizó hacia las alturas el alma de quien van dedicadas estas palabras.

Conrada Muñoz hoy tendría ochenta y cinco años, pero aquel once de agosto recibió un paquete que decidió abrir por la leyenda que portaba y que cerró cualquier intento de generosa cautela. “De tu mejor amigo”.

¿Cómo renunciar a no abrir el paquete que contenía un libro, pero que en cuyo interior no rezumaba literatura alguna y si un amasijo de cables y percutores dispuesto a aterrorizar a quién osara abrirlo? Ella lo hizo, como lo hubiera hecho cualquier madre en cada rincón, en cada recoveco de España o del mundo entero.

Porque las madres son así, siempre van por delante de cada hijo, para lo bueno y para lo malo, para advertirte de un peligro como para fundirte a besos cuando atisban un soplo de cansancio. Son Madres… Lo son todo. Para lo bueno, y para lo malo.

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El paquete-bomba que anunciaba, bajo el velo de la falsa verdad por las miserables palabras transcritas, un hedor a muerte, fue engullido por el cariño intrínseco, por ese halo de anticipación materna que nadie se explica cómo pudo ocurrir. Juraría que era un ángel y que tenía el don del tercer ojo o quizá algo le indujo a oír la voz de la razón y de la cautela ciega exponiéndose a un dolor muchísimo mayor si hubiera tenido que presenciar la muerte de un hijo.

Pero hubo dolor, ya lo creo. Un dolor inconfundiblemente duro, frío como el acero y que almacenó la angustia personal en cada hijo, en tu marido y que es inalcanzable desde el punto de vista del lenguaje.

No existe nada, absolutamente nada que mengue el calvario, el martirio y el desamparo que desde ese día comenzó para la familia. Y hay que ser muy ladrón, muy necio, muy mezquino, muy asesino, muy cobarde, para regurgitar, para echar desde las entrañas tanto odio y opacarlo con semejante desprecio para la vida.

¿Y yo como funcionario de prisiones qué puedo aportar, que puedo decir bajo este velo de cariño infinito hacia quienes han iluminado como candiles este trabajo que sobrelleva extrañamente a estos recónditos parajes de dolor humano? ¿Cómo puedo si quiera atreverme a recordar este episodio de angustia?

Ojalá hubiera, ojalá existiera un escenario permanente donde colgaran sábanas de hilo en las que un pintor vaticano realizara paisajes tan maravillosos sobre la figura de vuestra madre que quedáramos embelesados observándolos permanentemente y que en la penumbra del atardecer, y a la luz de las antorchas fuera tan real que nos transportara a todos los espectadores a un mundo distinto. Ojalá se llenara el escenario con luces espectrales y nubes de humo, como las de otro mundo, donde habitan los dioses.

Querido Dionisio, Querida familia, el río del tiempo fluye continuamente, siempre en la misma dirección y nunca se revertirá el cauce de este sentimiento Penitenciario. Los funcionarios de Prisiones conocemos vuestro dolor y lo hacemos nuestro, conocemos vuestro silencio y lo hacemos nuestro, conocemos la memoria de todos aquellos que ya no están y la hacemos nuestra. No vamos a permitir que la losa del tiempo que hunde los misterios más arcaicos sepulte una conciencia que ha interiorizado con fuerza entre nuestro cuerpo.

Permíteme también bajo estas líneas y con igual cariño, acordarme de tu hermano José María y de Laura Deus V. sobrina de tu madre heridos en el atentado. Y Permíteme acordarme de mi compañero Juan Antonio P. al que le remitieron también un paquete-bomba desactivado por la policía.

Me cuesta mucho tragarme las lágrimas que nacen con cada homenaje. La incomparabilidad del cariño y del coraje sin reserva hacia todos vosotros de todos los Funcionarios de Prisiones.

Con Cariño sincero… Tony.

Fotos del Homenaje a Conrada Muñoz