Colaboraciones

Cuando fugarse era una opción

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Un conocido preso interno durante los años 80 y 90 y actualmente en libertad, y una fuente policial anónima especializada en traslados de presos dan su visión sobre algunas conocidas fugas de presos en España y sobre la seguridad en los traslados de internos

“Nada más sentarme en la jaula -una de las celdas del vehículo de seguridad-, me percaté de que en el suelo había una raya de luz que desapareció cuando cerraron el maletero”, así describía Juan José Garfia, uno de los 50 presos FIES –Ficheros de Internos de Especial Seguimiento-, de los más peligrosos que había en España en los años 80, una de sus fugas durante un traslado en su primer libro Adiós prisión, de la editorial ‘Txalaparta’.

1581181357644blob.jpgEl salto de aquel furgón, a 50 kilómetros por hora, tuvo lugar el 25 de febrero de 1991. Garfia pasó 71 días huyendo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y al ser detenido reconocía en una entrevista al diario ‘El País’, que “en la cárcel era una bomba, y solo pensaba en fugarse”. No todos los presos entonces pensaban lo mismo.

Hipólito Pradas vive hoy tranquilo tras haber cumplido con la justicia por un largo historial de delitos relacionados principalmente con robos con violencia. Hoy, casi cumplidos los 60 años recuerda cuando con apenas veinte años ingresaba por primera vez en una prisión. “Mi intención nunca fue fugarme sino salir de todo esto. Gracias a eso estoy ahora aquí, y tengo mi trabajo y mi casa. Estoy, y lo importante es estar”, reconoce.

“Antes había delincuentes, ahora hay gente en prisión que ha cometido delitos”

Pero eran otros tiempos, relata, los tiempos de presos como Garfia, que se conocían muy bien el entorno carcelario. “Antes subíamos con el papel de aluminio de un paquete de tabaco y cuando nos metían de dos en dos en el furgón, el último ponía en la cerradura el papel de plata. Así, el guardia civil de la cabina veía que se había cerrado pero el pestillo no estaba echado”. Eran delincuentes, ahora hay gente que ha cometido delitos y por eso están presos”, explica en esta entrevista.

Aquellos delincuentes, como los define Pradas, tenían códigos y sabían perfectamente cómo burlar la seguridad. “Antes todos llevábamos llaves de esposas y cuando te llevaban al hospital solo tenía que pegar un empujón al guardia y salir corriendo. De los juzgados también llegaron a escaparse así”, asegura.

“Yo he ido con ‘El Vaca’ y cuando íbamos en el furgón se mareaba y los guardias de traslado le dejaban estar en el pasillo”

Pradas reconoce que siempre ha sido muy respetuoso, tanto con la Guardia Civil, como con los funcionarios de prisiones porque, cuenta, son los que al final te facilitan las cosas, incluso en los traslados. “Yo he ido con ‘El Vaca’ y cuando íbamos en el furgón se mareaba y los guardias de traslado le dejaban estar en el pasillo”, dice.

1581181892380blobDefensor del cuerpo de la Guardia Civil, a pesar, explica, de haber sido capturado por ellos en dos ocasiones, afirma que durante su vida de interno nunca vio un trato de favor en ningún traslado. “La Guardia Civil aplica sus modos de traslado a todos por igual. Ellos saben colocarte porque te conocen. Es el mejor cuerpo policial que conozco”, afirma.

Mientras encaja con mucha naturalidad las preguntas recuerda un suceso en un traslado que vivió en primera personay no puede evitar contarlo. “Había una conducción desde Granada a Almería en un autobús sin celdas, normal y corriente. Me tocó subir con una gente experta en fugas, muy peligrosos: Manuel, el ‘Ramos Ramos’, Paco ‘El Ortiz’, ‘El Guaje’… Los tíos le pedían al Guardia Civil que nos llevaba que les comprase vino, y como decía que no, en las curvas nos ladeábamos porque íbamos sueltos y el autobús se balanceaba con el peligro de vuelco que aquello implicaba”, relata sonriente.

Aquellos presos habían protagonizado varios motines en cárceles, entre ellos en Málaga, en 1985, un intento de fuga frustrado en el que murió un Policía Nacional. “Eran delincuentes muy complicados y peligrosos, ahora hay gente que ha cometido delitos y por eso están presos”, explica Pradas.

“Cada preso que sale de la cárcel es un peligro real”

Hoy las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad extreman todavía más las medidas de seguridad en los traslados penitenciarios. “Todos los días se trasladan presos tanto a juzgados como a servicios médicos. Por otro lado, está el traslado de presos por ‘rutas regulares’ entre dos ciudades o comunidades autónomas. Son rutas secretas e internas que solo nosotros conocemos”, afirma una fuente policial consultada.

“Mi intención nunca fue fugarme sino salir de todo esto. Gracias a eso estoy ahora aquí, y tengo mi trabajo y mi casa. Estoy, y lo importante es estar”

Esta misma fuente reconoce que tienen que estar en máxima alerta porque es habitual tener algún conflicto con los internos que trasladan.“Tenemos que estar con mil ojos y aún así no es suficiente. Cada preso que sale de la cárcel es un peligro real”, explica.

Este agente es consciente de la intención del preso y, para evitar malentendidos, siempre mantienen una cierta distancia con ellos. “Desde el momento en el que recepcionamos al preso hasta que lo devolvemos al centro penitenciario todo es peligroso. En todo momento estamos en alerta porque el preso podría recibir también ayuda del exterior para una posible fuga”, asegura.

Habría que establecer una ley para dar mayor seguridad a los funcionarios y a los guardias civiles en traslados. Habría que establecer una mayor seguridad por ejemplo en hospitales; allí deberían ser atendidos, tras las urgencias vitales, con máxima celeridad para que vuelvan al centro penitenciario lo antes posible. A mayor tiempo fuera del centro mayor riesgo”.

De ‘Igor el ruso’ a ‘Benito Ortiz Perea’

Es, cuenta Hipólito Pradas, el último delincuente de los de antaño que ha sobrevivido a una vida de violencia como miembro de una banda de atracadores. Hablamos de Benito Ortiz Perea, un convicto que a sus 61 años protagonizó una sonada fuga del Centro Penitenciario de Zuera, en Zaragoza. ”Es un profesional de lo suyo, un hombre que conoce mucho la vida en prisión, de hecho, uno de sus hermanos nació en una cárcel española”, explica Pradas.

El 29 de julio de 2019 volvía en un furgón de traslados a la prisión zaragozana tras una intervención en uno de los hospitales de la capital aragonesa. “La suerte hay que buscarla y él lo hizo. Salto en el momento más oportuno, saltó la valla y echó a correr”, relata Pradas, que conoce a Ortiz Perea y a su familia.

La policía apunta que este delincuente contó con apoyo exterior para fugarse. Lo cierto es que Ortiz Perea saltó de la ambulancia en la que iba con escolta ya e el interior del Centro Penitenciario y, según las investigaciones del caso, aprovechó un descuido de su escolta.

1581181722178blob.jpgAl agente policial que consultamos en este artículo también le preguntamos por la fuga de Ortiz Perea: “Fue una oportunidad que aprovechó un especialista en fugas. Un cúmulo de circunstancias en el que no existen culpables, solo el delincuente, que aprovechó una serie de circunstancias para escaparse. Ese hecho habla de la necesidad de una mayor coordinación entre la seguridad exterior e interior de los centros penitenciarios”.

Respecto a Norbert Feher, un preso de origen serbio y también considerado peligroso, autor confeso del asesinato en diciembre de 2017 en Andorra, Teruel, de un ganadero de la zona y dos guardias civiles, este agente considera que no es una amenaza mayor respecto a una posible fuga que cualquier otro interno.

Recientemente Feher tuvo que acudir a la Audiencia Provincial de Teruel, a donde viajó desde la prisión coruñesa de Teixeiro escoltado por unidades especiales de la Guardia Civil. “Considero a Feher un preso normal al que se le ha dado mucho bombo. Es un error el trato mediático que se le ha dado; por supuesto que es peligroso, pero es un error hacerle el juego a este psicópata que solo quiere notoriedad”, analiza esta fuente policial.

“Intentamos mejorar los protocolos, pero hoy en día es muy complicado que un preso pueda fugarse”

Para este agente, habría que establecer una ley para dar mayor seguridad a los funcionarios y a los guardias civiles en traslados.”Es necesario establecer una mayor seguridad, por ejemplo en hospitales, donde deberían ser atendidos, tras las urgencia vitales, con máxima celeridad para que vuelvan al Centro Penitenciario lo antes posible. A mayor tiempo fuera del centro mayor riesgo”, explica.

Asimismo, hace autocrítica y asegura que aprenden de los errores y circunstancias que se dan cuando existe una fuga. “Intentamos mejorar los protocolos, pero hoy en día es muy complicado que un preso pueda fugarse”, concluye.