Colaboraciones

“En la cárcel hay mucha gente que quiere pedir perdón”

Entrevista a María Cristina Romero, Educadora Social y miembro de la asociación ‘¿Hablamos?’

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Cuando dos internos de un centro penitenciario tienen un conflicto entre ellos, el régimen disciplinario de prisión se aplica distanciándoles físicamente para que no vuelvan a tener ningún otro encuentro desagradable.

Lo que muchos no saben es que existe otra vía en la que trabajan muchas personas, entre ellas María Cristina Romero, que desde hace ya 15 años busca limar asperezas entre los implicados a través de una mediación dialogada. “En la cárcel hay mucha gente que quiere pedir perdón, no solo a otro recluso por algún conflicto sino a aquellos a quien hizo daño y por lo que cometió el delito”, explica.

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La asociación ‘¿Hablamos?’, fundada en 2005, le dio a Cristina el impuso para lograr lo que llevaba algunos años buscando. A pesar de haber mediado en muchas disputas carcelarias, todavía recuerda la primera en la que participó: “Un chico se había enfadado con otro y le había tirado legía en la cara. Lo único que quería es que le devolviera unas zapatillas que le había quitado. Simplemente con el hecho de que la otra persona quiera juntarse con él se entendió que ambos querían solucionarlo”.

Los mediadores reciben un listado de nombres de personas incompatibles por parte de la Dirección de Seguridad del Centro penitenciario, y otras veces son los funcionarios o los propios internos los que les sugieren una mediación entre dos reclusos que han tenido conflictos. “Las personas implicadas no pueden permanecer juntos ni en el mismo módulo penitenciario. Hay personas que han tenido varios conflictos y que no se pueden mover del módulo en el que están para estar separados del resto”, explica Cristina.

“Cuando una persona habla de lo que sucedió le ayuda a estar más tranquilo. Siempre  hay una parte siempre que quiere solucionarlo”

Realizan una primera entrevista a cada una de las partes enfrentadas para comprobar, entre otras cosas, si existe un deseo real de arreglar las diferencias entre ambos. “Cuando una persona habla de lo que sucedió le ayuda a estar más tranquilo. Siempre  hay una parte siempre que quiere solucionarlo;  si ambos quieren dialogar les juntamos y es ahí donde sucede la mediación”, comenta Romero.

Desde la asociación ‘¿Hablamos?’, en la actualmente trabajan voluntariamente nueve mediadores,  nos explican que la mayoría de conflictos en prisión surgen por peleas o malentendidos, y normalmente lo solucionan y de manera dialogada. “Siempre preguntamos ¿Cómo podrías haberlo hecho de manera diferente?”, afirma Cristina. “En otra ocasión que recuerdo, un chico le tiró el café a otro en la fila del economato. Ahí suele haber muchas disputas porque están un rato esperando, se empujan, se cuelan… En aquella ocasión uno empujó a otro y, el otro le pegó un puñetazo”, recuerda Cristina, quien reconoce que detrás de una pelea hay siempre un motivo que va más allá de la propia agresión. “Al final, el agresor pidió disculpas y dijo estar  sometido a mucho estrés debido a  un problema que tenía con su madre. Hay cosas que pasan fuera que ellos desde dentro no pueden solucionar y eso les estresa mucho. Hace que cualquier cosa provoque reacciones desmesuradas”, reconoce Romero.

La mediación enseña a los propios mediadores una realidad que a veces dista de la que la sociedad tiene. Así lo cree Cristina, quien considera que en la cárcel solo se he encontrado seres humanos que están dañados, que sufren y han hecho sufrir. “Cuando hago mediaciones, al margen de lo que hayan hecho para estar ahí, se juntan y hablamos y, en ocasiones,  se piden disculpas, lloran y se abrazan. Ahí veo lo mejor del ser humano”, admite Romero.

“…se juntan y hablamos y, en ocasiones,  se piden disculpas, lloran y se abrazan. Ahí veo lo mejor del ser humano”

Cristina reconoce que vive intensamente las mediaciones y llega a emocionarse. “En esos momentos veo lo mejor del ser humano en un lugar donde está lo peor del ser humano”, cuenta. “Hay una parte del ser humano que necesita pedir disculpas, que necesita ser perdonado. Algunas personas a las que visitamos nos dicen que no quieren saber nada pero, después de un año,  nos escriben y nos dicen que están preparados. Necesitamos ponernos delante de la otra persona, saber por qué, y ahí es cuando la otra persona se convierte en persona; en ese momento solo son dos personas que se entienden”, cuenta esta mediadora penitenciaria.

Más allá del trabajo en prisión, Cristina también ha realizado mediaciones penales a requerimiento de un juez. “Recuerdo un caso en la que había habido una pelea en las fiestas del pueblo entre dos chicas e intervinieron los padres y hermanos. Un hermano le pegó al otro padre y le tiró al suelo rompiéndole las gafas delante de su hija”, explica Romero.

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Según esta mediadora, en un juicio normal el juez determina la multa y nadie habla. En una mediación es diferente. “Se pusieron uno delante del otro y el padre le dijo: ‘Me tiraste al suelo y me podrías haber hecho daño ¿Entiendes el daño que me hiciste?¿Entiendes que no podía responder porque no quería dar una imagen de agresivo delante de mi hija’. El chico lo entendió y le pidió perdón”, cuenta. “Pasa también en la cárcel cuando algunas agresiones dejan marcas en la cara y el agredido dice: Es que me miro en el espejo y me acuerdo de ti. Todo ese dolor hay que expresarlo, el de la víctima y el de la persona que ha agredido, o la que ha cometido el delito”, explica Romero.

El trabajo de esta mediadora forma parte de lo que se conoce como justicia restaurativa, que tiene como objetivo reparar el daño causado, pero no únicamente entre dos individuos, sino también entre sus familias, en sus barrios y, en definitiva, en el ámbito social en  el que se muevan. La cárcel es tan solo una parte del trabajo de Cristina Romero tan necesaria para la supervivencia de algunos internos, pero a su vez, nos aclara, tan desconocida.  “Tú no te levantas un día y cometes un delito, sino que hay cosas detrás que te llevan. A la cárcel entras con el mismo problema, más los problemas que te ha podido causar el propio internamiento en prisión. Es complicado salir de una prisión, no mejor que entraste, sino de otra manera”.

“Tú no te levantas un día y cometes un delito, sino que hay cosas detrás que te llevan…”

 

 

 

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