Colaboraciones

Instituciones Penitenciarias y coronavirus

Por José Manuel Arroyo Cobo

La infección por Coronavirus acaba de ser declara por la Organización Mundial de la Salud como Pandemia, lo que significa que se trata de un virus con capacidad de transmitirse de persona a persona de forma eficaz, para el que no existe población inmune a él, ya que es un virus nuevo y que es capaz de producir casos graves de enfermedad. El significado principal de pandemia es geográfico, es decir, se trata de una infección que se extiende a la vez a lo largo de un gran número de regiones y países, y su principal riesgo es justamente esa expansión acelerada en un corto espacio de tiempo, debido a la saturación que se produce en los recursos sanitarios que deben atender a los enfermos.

La falta de inmunidad natural o adquirida a través de las vacunas, permite prevenir las infecciones por agentes patógenos transmisibles y por tanto previene de la enfermedad que estos agentes producen. El nuevo coronavirus, es similar a otros ya conocidos, hasta ahora se ha comportado de forma previsible, causando cuadros respiratorios, que cuando se asocian a patologías crónicas previas, en personas generalmente ancianas, puede llegar a producir un cuadro grave e incluso mortal. Sin embargo en el resto de enfermos que antes de la infección estaban sanos, produce un cuadro similar a un catarro de vías altas o a una gripe, que en unos días se resuelve con tratamiento sintomático.

Las autoridades sanitarias en todo el mundo, están trabajando en la actualidad para adoptar medidas que retrasen la velocidad del contagio entre la población, para intentar dosificar las demandas de asistencia y evitar tensiones de los servicios médicos, por masificación de pacientes.

En IIPP, el espacio físico cerrado donde se desarrolla la actividad de los profesionales e internos, supone una barrera protectora contra la diseminación de todo tipo de enfermedades transmisibles en la comunidad. Tradicionalmente, este tipo de infecciones tarda más tiempo en diseminarse dentro de los centros que entre la población en libertad, ocurre así todos los años, con la gripe estacional, ocurrió con otras epidemias años atrás, como en el caso de la Gripe A y es previsible también que ocurra con el coronavirus. Por otro lado, los centros penitenciarios cuentan con estructuras arquitectónicas pensadas para la separación y segregación de grupos de internos, lo que también ayuda a adoptar medidas de aislamiento sanitario.

Se han distribuido ya recomendaciones al personal sanitario por parte de la Subdirección general de sanidad penitenciaria y al conjunto de los trabajadores penitenciarios por parte de la Subdirección de personal, a través de su sección de protección de riesgos laborales, para actuar en caso de que se diagnostique un caso dentro del centro, bien entre internos o entre funcionarios procedentes de áreas de transmisión comunitaria. De igual forma se han dado ya por escrito consejos para retrasar la transmisión de la infección, tanto entre la comunidad y cuantos trabajamos en los centros penitenciarios, como entre los propios internos y funcionarios dentro del establecimiento. Los funcionarios de prisiones somos personal indispensable, como en otras crisis como esta que se producen periódicamente, en estos momentos se pone a prueba la conciencia cívica, moral y profesional de todos nosotros, y se nos exige la mejor respuesta como funcionarios. En todas las ocasiones anteriores se ha dado la mejor respuesta y se ha contribuido a solucionar satisfactoriamente la situación, como estoy seguro que ocurrirá ahora, si bien es cierto que con el inestimable esfuerzo de todos.

José Manuel Arroyo Cobo
Director de Programas
Secretaría General de Instituciones Penitenciarias
Centro Penitenciario de Zaragoza