Juan José Baeza González. Funcionario de Prisiones herido por ETA el 16 de abril de 1997

portada.jpgApenas conozco a Juan José, en realidad fue una llamada de teléfono, o dos mejor dicho, ya que se encontraba realizando un recado, y Justa se empecinó en que le volviera a llamar un poco más tarde. Sobre Juan José me va a costar escribir un par de líneas y me va a costar hacerlo porque no las voy a encontrar. Y esta certeza se convierte en innata cuando frente al ordenador no logro conectar apenas una palabra sobre otra. Y esto ocurre porque la realidad supera sin distinción cualquier otra situación. Su situación personal me conmovió de tal manera que otra opción de agradecimiento sería considerado casi sacrílego. Un irreverente en relación con este hecho.

Las palabras no salen cuando quieres arañar un trozo de empuje, de agradecimiento, de reconocimiento, de cariño, de amor. Te crees que llegado el momento, amparado por esa soledad en la llamada, en la quietud de espíritu que crees que cohabita cerca de ti, las palabras van naciendo de tu boca como fuente que sacia al caminante. Y no es cierto. Más bien diría que lo contrario, el agarrotamiento es notorio y te sientes tan pequeño que digas lo que digas todo te parece  lejano y peregrino.

Quiero decir con ello que él no está obligado hacia mí de la misma forma que el que escribe, la Institución, los compañeros, la autoridad política, lo tenemos hacia él.

Hay pocas personas que tienen una doble naturaleza. La natural y la adquirida, que es como un complemento, resultado de la educación que la mayor parte de las veces perfecciona a la primera y se convierte en una parte del ser total. Y para mí esto es lo que percibí de Juan José, alguien admirable. No hizo falta que me relatara su vida cronológicamente, en mi inquietud por comunicar todo lo que sentía bastó solo con escucharle y recibir con la fuerza de un cañonazo la humildad que sus palabras dejaron en mí persona.

El mundo conoce la palabra gratitud, aunque no la comprende. No la alcanzamos en todo su esplendor. Sé que permanecen muy vivos los delicados instintos de un temperamento de agradecimiento en nuestros corazones para quienes fueron nuestros compañeros y ya no están, sé que esa fuerza de reconocimiento permanece igual de viva para quienes fueron heridos o secuestrados por la barbarie de un terror mísero e inhumano.

No puede permanecer nunca en el olvido, no podemos más que honrar año tras año, a aquellos que fueron auténticos héroes penitenciarios. Y aquellas familias, hijos, esposas, abuelos, gentes de almas sencillas… hay que recordar que han sufrido una tortura superior a su resistencia.

Buen Juan José, acepta estas pocas palabras, sin ninguna clase de ceremonia y este deseo firme de recordarte como te mereces.

Con cariño sincero.

Tony.

A 17 de Abril del 2019 CP PAMPLONA