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LA OTRA HISTORIA DE LA ‘MAMÁ TRAFICANTE’

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Blanca fue detenida en abril de 2013 en el aeropuerto de Madrid con una maleta con 12 kilos de droga cuando volvía con sus tres hijos de Santo Domingo.

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En mayo de 2013 su historia llenaba titulares de prensa a raíz de un vídeo de un programa de televisión que grabó cómo la policía le detenía en el aeropuerto madrileño ‘Adolfo Suarez’. “Tú pones ‘mamá traficante’ y sale”, recuerda Blanca, al mismo tiempo que reconoce no haber tenido el valor para ver aquel vídeo. En él se puede ver como es conducida hasta una pequeña comisaría del aeropuerto donde presta declaración antes de ser detenida tras portar una maleta con 12 kilos de droga desde Santo Domingo.

A raíz de aquella historia, mucho se ha contado de la ‘mamá traficante’, incluso otro periodista escribió un artículo poniendo en peligro a su familia. “Entiendo que pueda dar una noticia, pero puso en peligro a personas que no tienen culpa de nada. Me escribió una carta para pedirme perdón y a fecha de hoy aún me llama para preguntarme qué tal estoy”, cuenta Blanca.

Reconoce que no hay día que no se arrepienta de aquello que hizo. “No lo hice por necesidad, sino por el padre de uno de mis hijos, que me metió en un problema entre ciudadanos de origen dominicano”. Incluso durante el juicio, el jefe de la Policía Judicial de Huesca declaró a favor de Blanca en el juicio para poder reducir su condena, sabedor de que ella estaba siendo presionada por su ex pareja para traer la droga desde Santo Domingo.

“La cárcel es como tú lo quieras llevar, si lo llevas sin problemas no los tienes, pero si llegas con una actitud chulesca es cuando los tienes. Yo no tuve ningún problema con nadie”

Fue condenada a cuatro años y sesenta días de prisión y un 19 de abril ingresó en el módulo de mujeres de Alcalá Meco, en Madrid. A los pocos días fue trasladada al Centro Penitenciario de Zuera, en Zaragoza, donde estuvo un año y medio. “Por buen comportamiento empecé con los permisos, el tercer grado y después la condicional”, añade Blanca.

De su paso por prisión se lleva malos, pero también buenos recuerdos. “Me perdí cosas tan sencillas como ver andar a mi hijo o verle salir los dientes. Pero por otro lado he conocido a gente y he aprendido a quererme a mí misma. También hay cosas positivas”, añade.

Aquel 19 de abril de 2013, cuando entró en prisión y vio cerrarse varias puertas tras de sí se le vino el mundo encima, sin embargo, apenas tuvo problemas. “La cárcel es como tú lo quieras llevar, si lo llevas sin problemas no los tienes, pero si llegas con una actitud chulesca es cuando los tienes. Yo no tuve ningún problema con nadie” reconoce.

unnamed-1712972530.jpgEn el Centro Penitenciario de Zuera sólo hay un módulo de mujeres y allí estuvo conviviendo más de un año como otras cien mujeres condenadas por todo tipo de delitos. “Estar sólo en un módulo es peligroso porque a la hora de tener permisos hay quien te busca problemas y te juegas esos permisos. Estás mezclada con personas dependientes, problemáticas; hay mujeres allí que les da igual estar encerradas tres días que tres años”, dice.

MADRE DE TRES HIJOS

“Mis hijas, que entonces tenían 7 y 16 años, lloraban mucho al verme tras un cristal. Era un mal rato para todos. Mi hijo pequeño que no hablaba en una visita dio un golpe al cristal y gritó ‘Mamá’, y yo me quería morir”

Una de las cosas que Blanca llevaba peor durante su ingreso fue no poder estar con sus hijos. “Cuando entré no podía dejar de llorar. Tenía 39 años y tres hijos que dejaba fuera a cargo de mi madre. Los sábados nos veíamos por un cristal y luego dos veces al mes teníamos ‘vis a vis’”, explica Blanca.

Durante aquellas visitas, Blanca recuperaba la sonrisa pero luego todo cambió. Recuerda que incluso llegó un momento que incluso se planteó renunciar a sus ‘vis a vis’ con sus hijos. “Mis hijas, que entonces tenían 7 y 16 años, lloraban mucho al verme tras un cristal. Era un mal rato para todos. Mi hijo pequeño que no hablaba en una visita dio un golpe al cristal y gritó ‘Mamá’, y yo me quería morir”, recuerda con dolor.

Seis años después, aquel niño que golpeaba el cristal, actualmente cumplidos los siete años, no recuerda nada y sus hermanas, ya mayores, apenas hablan de lo que sucedió con su madre y han preferido olvidar.

“MUCHA GENTE ME AYUDÓ”

Blanca admite que sufrió provocaciones por parte de otras internas que buscaban un permanente enfrentamiento con las funcionarias. “Hay gente que le da igual todo y que salen y vuelven a delinquir. Yo estando en prisión he visto salir gente y esa gente volver a ingresar a las dos semanas. Para reinsertarse tienes que poner voluntad, sino de nada sirve que te ayuden”, comenta.

A pesar de algún mal momento, insiste en recordar que en prisión también hubo personas que le ayudaron mucho. “Cuando entras pasas por un médico pero en el mismo módulo después tienes un educador, un jurista, una trabajadora social y un psicólogo que te ayudan muchísimo. Yo también entré en un curso de Inteligencia Emocional impartida por voluntarios, gracias al cual empecé a quererme y a valorar mucho más la vida”, dice.

No sólo entre voluntarios y especialistas encontró ayuda, también entre funcionarias que, explica, le ayudaron cuando más lo necesitaba. “Una vez que yo estaba muy mal porque no me quedaban llamadas y una funcionaria me ayudó y solicitó una para mí. Son funcionarias pero también son madres y entienden. Exigen lo básico en esta vida que es un poco de respeto. No puedes estar tuteándolas como si fuesen tus amigas”, comenta.

“Creo en las segundas oportunidades pero depende de casos. Los hay que pasaron por un momento malo en su vida y si que tienen derecho a recuperarla”

Esa ayuda y el hecho de estar permanentemente ocupada hicieron que esta mujer pudiese sobrellevar mejor su estancia como interna en Zuera. “Si entras en una prisión tienes que tratar de acudir a todos los cursos posibles y buscar actividades para que la mente esté despejada unas horas y no sean 24 horas de pensar”, aconseja Blanca.

Seis años después, vive con sus hijos y ha conseguido salir adelante y superar su pasado. Blanca ha conseguido su merecida segunda oportunidad. “Creo en las segundas oportunidades pero depende de casos. Los hay que pasaron por un momento malo en su vida y si que tienen derecho a recuperarla”, comenta esta mujer que también reconoce que siempre vas a arrastrar aquella condena. “He visto a mucha gente que otros han juzgado por el delito que cometieron, pero hay muchas cosas más”, explica.

Blanca hace tiempo que dejó de ser una ‘mamá traficante’ para convertirse en una mujer que luchó para reinsertarse y vivir una nueva vida de la que hace años que disfruta. “Contarte todas estas cosas yo creo que sirve, porque hay mucha gente que necesita escucharlo” cuenta satisfecha mientras se despide invitándome a llamarle cuando quiera porque, comenta, ahora está más fuerte para contar lo que antes no se atrevía.

 

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