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Madre, Mujer y Funcionaria de Prisiones

Señora Irene Montero, ministra de IGUALDAD:

Me dirijo a su señoría como madre, mujer y funcionaria de prisiones.

Pongo en primer lugar el hecho de ser madre porque es el “título” más importante en mi vida y del que más orgullosa me siento.

Dice la nueva Ley del “SÓLO SÍ ES SÍ” o también llamada Ley de la Libertad Sexual que:

  • el acoso ocasional sexista leve será considerado delito y castigado con trabajos comunitarios y hasta multas para los agresores.
  • se consideran delito las expresiones, comportamientos o proposiciones sexuales o sexistas que pongan a la víctima en situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria.

Y yo me pregunto:

  • ¿cómo se mide esa objetividad?
  • ¿qué se considera humillante o intimidatorio?
  • ¿quizás la actitud de estas mujeres hacia estos trabajadores?

Por un lado la nueva ley me tranquiliza mucho. Desde ahora voy a poder dormir tranquila cuando mi hija salga con sus amigas al cine, a cenar o a la discoteca. Incluso estaré disfrutando de las noticias del telediario de la noche mientras ella vuelve a casa tras una larguísima jornada de trabajo y estudio en la Universidad.

Porque mi hija es universitaria, ¿sabe?. Y en su carrera las mujeres son minoría, pero por elección, no por obligación.

Sin embargo esta tranquilidad va a tener, como mínimo, la misma dosis de desasosiego cuando me siente a esperar en el sofá de mi casa a los miembros de mi familia para cenar.

El problema es que además de una hija, también tengo un marido y un hijo. Y, casualidades de la vida o no, mi hijo también es universitario. Y, casualidades de la vida o no, estudia la misma carrera que mi hija, su hermana.

Estaré tranquila porque con la nueva ley seguro que ningún hombre se va a atrever a decirle un piropo a mi hija.

Estaré tranquila porque cuando salga, si se emborracha, lo importante será que ningún hombre le diga nada, incluso ni siquiera se preste a ayudarla o acompañarla por temor a ser sancionado por un delito leve.

La intranquilidad vendrá del otro trozo de mi vida, de mi hijo, mi queridísimo hijo.

Quizá un día se atreva a decirle a alguna de sus compañeras que le sienta muy bien su nuevo corte de pelo. O quizás ose decirle que el color rojo de su camiseta le favorece mucho, quizás si tiene el valor de hacerlo, mi hijo podría ser castigado a pagar una multa o realizar algún trabajo comunitario.

Ya le adelanto señoría, que lo de trabajar para pagar su delito no sería un problema.

Y no lo sería porque este hombre joven universitario está acostumbrado a compartir las tareas de casa desde pequeñito. No sería para él un castigo porque en mi casa, señora ministra, hemos educado a nuestros hijos en la igualdad y el respeto hacia los demás, sean de la condición sexual que sean.

Ambos, él y ella, ella y él, tienen perfectamente asimilado que nadie es más que nadie, pero tampoco menos.

Y ambos trabajan muy duramente para sacar sus estudios con éxito e intentar labrarse un futuro que pinta bastante feo.

Hasta aquí mi faceta de madre.

Como mujer, nacida en la década de los 60, puedo decir que ninguna de las “feministas” que se manifiestan semidesnudas cada 8 de marzo por las calles del país, me representa. El FEMINISMO es otra cosa.

Las mujeres de mi generación vivimos en directo la muerte de la dictadura y el nacimiento de la democracia. Lo vivimos, sí, no nos lo han contado.

Junto con mis compañeras y compañeros de instituto participé en infinidad de manifestaciones en los primeros años de libertad de expresión. Estudié duro para conseguir una formación académica a la que mis padres no tuvieron acceso. Pero accedí a dicha formación pública en igualdad de condiciones que cualquiera de los chicos de mi pandilla. Sólo me diferenciaba con algunos y algunas el hecho de que tuve que trabajar a la vez que estudiar. Y tuve que hacerlo no por ser mujer, sino porque en mi casa no había recursos económicos suficientes y debía aportar mi granito de arena.

Y por lo dicho y por otras cosas que aquí no caben para no aburrir al lector, no necesito que ahora, casi 60 años después, sean las abanderadas de mi defensa, de mis derechos y de mis libertades unas cuantas manifestantes que recorren las calles gritando y ligeras de ropa.

¡Educación señoría! EDUCACIÓN con mayúsculas para todos en los hogares y en las escuelas. Trabajo serio y diario. Y libertad de expresión, por supuesto, pero para todos y para todas (por lo del lenguaje inclusivo) desde el respeto al otro/otra.

O… ¿tenemos varias varas de medir?

Llegamos aquí al punto final y crucial: el trabajo, mi trabajo.

Como ya creo que he dicho antes, soy funcionaria de prisiones.

Tengo exactamente el mismo sueldo y horario que mis compañeros hombres. Yo accedí por oposición con anterioridad a la unificación de escalas, pero Mercedes Gallizo durante su mandato en la SGIIPP unificó también este punto.

La precaria situación laboral que padecemos el colectivo de trabajadores de IIPP necesitaría de mucho texto y aún así, jamás se podría reflejar toda la realidad.

Así que me voy a centrar en el tema que en esta ocasión estoy tratando: LA LEY DE LA LIBERTAD SEXUAL.

Yo, como otras muchas compañeras, trabajo en módulos en los que viven una media de 100 internos hombres.

Que éstos nos insulten y nos amenacen prácticamente todos los días es algo que, muy a nuestro pesar, tenemos asumido.

Mi pregunta señora ministra de igualdad es:

Cuando entre en vigor esta nueva ley… cómo voy a ser considerada en mi trabajo, ¿cómo mujer o cómo funcionaria?

Podré yo también denunciar que un interno me ha dicho: “qué guapa está hoy señorita”, ” qué bien huele su perfume” o “cómo le consiente su marido trabajar aquí?”…

Sumemos a éstas, otras muchas preguntas del estilo y muchas miradas insinuantes, intimidatorias, guiños de ojos o invitaciones a tomar un café que vivimos cada día las funcionarias de prisiones.

Son desgraciadamente muchos los casos de auténticas agresiones y/o abusos sexuales sufridas por compañeras y que, aunque se han denunciado, han sido silenciadas o maquilladas por parte de la Administración.

¡La lista sería interminable!

La pregunta, finalmente, solo UNA y dirigida a todos aquellos que tengan la capacidad y voluntad de darme una respuesta: en mi trabajo, ¿VOY A SER CONSIDERADA COMO UNA MUJER AL AMPARO DE ESTA LEY O LAS FUNCIONARIAS DE PRISIONES ESTAMOS EXCLUIDAS?

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