Colaboraciones

¿Qué mueve a introducir drogas en prisión? (1)

joseroncero

Que en las cárceles hay droga es algo que está fuera de toda duda, pero ¿qué empuja a una persona a intentar introducir drogas en un establecimiento penitenciario? ¿Por qué un familiar se arriesgaría a llevarle droga a un interno aun sabiendo de los graves problemas que le podría ocasionar?¿Existen suficientes elementos disuasorios que prevengan la entrada de sustancias claramente perjudiciales para la salud?

En las últimas semanas hemos visto un incremento de los artículos y reportajes en prensa sobre la presencia de la droga en el interior de las prisiones, la forma en la que accede (comunicaciones con familiares y regresos de permisos, principalmente) y las consecuencias de su consumo (sobredosis y fallecimientos). Y todo ello auspiciado por una campaña lanzada desde la Secretaría General para la prevención de la introducción de sustancias prohibidas en las cárceles. Sin embargo, muy pocos de esos artículos profundizan en las causas que llevan a una persona a correr el riesgo de meter dichas sustancias en prisión.

estaríamos hablando de que, potencialmente, podría obtener unos 2500 euros

Dejando a un lado la drogodependencia como evidente primerísima causa, el factor más determinante es el económico. Teniendo en cuenta que el precio de los psicotrópicos puede llegar a cuadruplicarse con respecto a su valor en la calle, esto hace del trapicheo en prisión un verdadero negocio del que muchos se lucran. Para hacernos una idea, si en la calle puedes hacerte con una bellota de hachís por unos 20-30 euros, en el interior de una prisión ese precio, dependiendo de la demanda, podría alcanzar hasta los 100 euros. O, si por un gramo de cocaína, en la calle, pagas alrededor de 50 euros, intramuros, por ese precio te dan una micra (una décima parte de un gramo). Esto quiere decir que si vendes las 10 micras que componen el gramo, puedes ingresar hasta 500 euros. De este modo, si un interno es capaz de introducir, por ejemplo, 2 bellotas de hachís y 4 gramos de “polvo” (heroína y/o cocaína), estaríamos hablando de que, potencialmente, podría obtener unos 2500 euros, cantidad nada baladí para quienes, estando privados de libertad, se ven imposibilitados de tener unos ingresos (legales o no) que les permitan mantenerse a ellos mismos o a sus familias.

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Sin embargo, no todos los internos tienen los medios necesarios para acceder y adquirir las drogas en el exterior que introducirán en la prisión. Y es en este punto cuando, íntimamente ligado al factor económico, entra en juego el componente del riesgo. Y me explico. Si bien es un negocio muy lucrativo para el que consigue introducir y vender la droga, no es menos cierto que siempre conlleva un enorme riesgo, porque nunca están libres de que puedan ser interceptados por los funcionarios. Esto, lógicamente, acarrea una serie de consecuencias evidentemente perjudiciales para el cumplimiento de su condena y el acceso a sus beneficios penitenciarios, por no hablar de la posibilidad de encontrarte con la apertura de un nuevo sumario por un delito grave. Por este motivo, aquellos internos que tienen los recursos económicos para conseguir la droga en el exterior, utilizan a aquellos otros que, por diversos motivos que luego se explicarán, harán de “mulas”, siendo ellos los que la introducirán y correrán el riesgo de ser interceptados.

¿Y cuáles son las razones que motivan a un interno a meterle droga a otro?

Permítanme que antes de pasar a explicarles las causas, les aclare algo que seguramente sirva para entender mejor estas. Generalmente, aquellos internos que están en disposición de conseguir que otros les hagan de mulas son aquellos que cuentan con la entidad propia y/o respaldo familiar y económico suficiente como para ser muy respetados entre el resto de la población reclusa. Suelen ser miembros de potentes clanes dedicados al narcotráfico o pertenecientes a bandas conocidas y que cuentan con una fuerte reputación entre los internos por su proceder en las calles. Aclarado ese punto, vayamos a lo que nos ocupa.

Un interno puede acceder a hacer de mula de otro, en primer lugar, como medio para conseguir su propia droga. Es muy común que una mula se quede con parte de lo que introduce como pago por el trabajo. En algunos casos, esa droga la usan para consumo propio, en otros para su venta y obtener así su medio para subsistir y en otros para ambas cosas. Esta es la causa más extendida. Si bien esto podría entenderse como una transacción “limpia”, el problema surge cuando la mula pierde la mercancía porque se le intercepta e incauta. En ese caso, además de las consecuencias administrativas y penales, es el responsable de la pérdida económica generada, debiendo hacer frente al pago del valor de lo incautado. Como en la mayoría de los casos no tienen los medios suficientes para afrontarlos, esto nos lleva directamente a un nuevo factor: el pago de deudas.

Las deudas son algo que están siempre muy presentes en las prisiones. Estas se generan por muchas causas (impagos de droga, préstamos de productos del economato, apuestas, incluso, en algunos casos, pueden deberse a asuntos sin resolver previos a su entrada en prisión).

Un método muy extendido como cobro de esas deudas es la de introducirle droga el deudor al prestamista. En ese “pase” ya iría la suma de la deuda más los “intereses” que esta haya generado en el tiempo, intereses que, por cierto, no son precisamente bajos.

Las deudas son algo que están siempre muy presentes en las prisiones.

Esta fórmula de pago de deuda se puede producir bajo dos circunstancias. En la primera, el interno elige realizar el pase libremente, sin recibir ningún tipo de coacción. El problema se agrava en la segunda, cuando el interno recibe extorsiones, amenazas e, incluso, agresiones físicas. Esto nos lleva a un nuevo factor: La extorsión, en todas sus formas.

Ya he explicado con anterioridad que existen diversas tipologías de internos, destacando especialmente a aquellos que por su entidad disponen de una ascendencia sobre el resto que les hace imponerse (llamados en la jerga carcelaria KIES). Se dan casos en los que esos internos con esas características hacen uso de esa entidad para obligar a otros a plegar su voluntad a sus deseos. Mediante la amenaza e incluso la agresión, tanto a la propia persona del interno como a los familiares de estos en el exterior, consiguen que a esos internos que no cuentan con esa ascendencia entre otros reclusos no les quede más remedio que rendirse ante el KIE y acatar lo que este les demande. Y entre esas demandas están las de obligarles a meterles droga. Ante la perspectiva que se le presenta, donde debe elegir entre el riesgo a ser interceptado o la certeza de sufrir violencia física, en la mayoría de los casos terminan eligiendo lo primero, dado que es lo menos lesivo para su persona o familiares.

Como se puede observar, pese a que son varios los factores que entran en juego a la hora de que un interno se lance a introducir droga, se puede afirmar que, en muchos casos, los mismos están relacionados e interactúan unos con otros, porque la adicción, siempre presente, empuja a endeudarte con el que tiene las posibilidades económicas, que a su vez, tiene las posibilidades de contratar u obligar a otro a que le meta más droga para, de este modo, seguir surtiendo de estupefacientes al adicto, cerrándose de este modo un círculo del que resulta muy complicado salir y más difícil romper.