Colaboraciones

¿Qué mueve a introducir drogas en prisión? (2)

joseroncero

Si en el artículo anterior hemos tratado de explicar, a groso modo y de manera superficial, las causas que motivan que un interno intente introducir sustancias prohibidas, en este que ahora nos ocupa vamos a intentar arrojar luz sobre las que llevan a un familiar a hacerlo. Y lo vamos a hacer desde una perspectiva que creo que, por ser más desconocida, pueda resultar más interesante y nos permita hacernos una idea de hasta que extremo es duro y, permítanme la expresión, sucio el mundo en el que desarrollamos nuestro trabajo.

Las causas, diversas, no dejan de ser muy semejantes a las que motivan a los internos. Al igual que vimos anteriormente, aquí también entran en juego las razones económicas, las deudas o las extorsiones de terceros. Sin embargo, cabría destacar un factor que, a diferencia de los analizados en los internos, sólo sufren los familiares y que será en el que nos detendremos a explicar para evitar caer así en la repetición. Esto es: la extorsión a través de los lazos emocionales.

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En este punto, vamos a intentar hacer un ejercicio de empatía. Por un momento, supongamos que tenemos a un ser querido encarcelado. Podría tratarse de tu pareja o, peor aún, tu hijo. Un día, te llama por teléfono, angustiado, asustado y muy preocupado, explicándote que está en una situación muy grave, que su vida corre peligro y que como no haga una cosa, tanto él como tu podéis sufrir graves daños. Te dice que para evitar que eso ocurra, necesita que le lleves droga, que no es para él, que es para otra persona que le tiene amenazado. O bien te llama y te dice que no puede más, que necesita drogarse, que como no le hagas un pase, se acabó, termina con su vida y que en tu conciencia quede su muerte, que le has dejado morir pese a que es tu hijo, tu sangre, al que pariste.

Sin embargo, cabría destacar un factor… la extorsión a través de los lazos emocionales.

Sin embargo, cabría destacar un factor que, a diferencia de los analizados en los internos, sólo sufren los familiares y que será en el que nos detendremos a explicar para evitar caer así en la repetición. Esto es: la extorsión a través de los lazos emocionales.

Sabes que la droga es la causante de sus problemas delictivos y la que le ha llevado a estar entre rejas, que estás harta de sus mentiras y chantajes (sí, en femenino, son muchas más las madres que los padres los que acceden a estos asuntos) y de sacarle las castañas del fuego. Aun así, ¿qué haces, miras hacia otro lado, pese a que existe la posibilidad de que lo que te dice, en esta ocasión, podría real? ¿Y si no accedes a hacer lo que te pide y le ocurre algo que no tenga ya remedio? ¿Y si le pierdes para siempre? ¿Serías capaz de vivir con ello? ¿Te lo perdonarías?

Puede parecer una situación exageradamente dramática pero, lamentablemente, no lo es. Es algo que se produce con cierta asiduidad y que dolorosamente comprobamos los profesionales que trabajamos en este medio. Y no, no es excusar al familiar. Se trata, simplemente, de exponer una realidad. Hay que pensar en una cosa y es que el drogodependiente, cuando pasa por una etapa de fuerte adicción, puede alcanzar tal grado de egoísmo que no es capaz de filtrar a quién pueda estar causando daño (véase el caso del reciente parricida en Sevilla). Por este motivo no es de extrañar que se produzcan casos como los que he descrito en los párrafos anteriores (que igual valen para madres, que, en menor medida, padres, hermanos o parejas).

cárcel de picassent 4 locutorios-2029133033..jpgHay otros casos en los que no necesariamente tienen que amenazar con quitarse la vida. Se me viene a la cabeza uno en el que un interno obligó a su hermana a que le metiera droga bajo la amenaza de vender un colgante que tenía de su madre y que para la hermana tenía un gran valor sentimental, puesto que era de las pocas pertenencias que les quedaban de ella.  Y esto no son más que algunos ejemplos de la manipulación que están dispuestos a utilizar para conseguir que se lleven a cabo sus deseos, sin importar el daño causado ni la persona a la que se le causa. Un mundo duro cuando se conoce en profundidad y del que no te queda más remedio que ponerte un caparazón si no quieres que te afecte más de lo que ya de por si lo hace.

Lamentablemente, todo lo descrito en este texto, no es más que un vistazo muy elemental y simple de lo que la presencia de la droga en las prisiones genera. Sin embargo, los problemas que crea van mucho más allá de lo aquí descrito o los graves problemas de salud que causa. Las alteraciones del comportamiento que hacen imprevisible a quien se droga, la violencia que provoca, los robos, las agresiones, las extorsiones y coacciones, incluso las “lavativas” anales para ver si, tras la celebración de un vis a vis o del regreso de un permiso, un interno ha metido y quitársela (no son pocos los casos en los que a un interno le introducen por el ano un objeto para comprobar que está “vacío), son solo algunos ejemplos de lo que conlleva la existencia de estupefacientes en el interior de las prisiones. Un problema que, lejos de resolverse, parece estar agravándose día a día y del que no se atisba una cercana solución.

Cabría preguntarse cómo es posible que, conociéndose estas situaciones, no se ataje el asunto de una manera más eficaz. Y la respuesta, aunque sencilla, presenta difícil solución.

…no se va a solventar a base de un simple lavado de cara en forma de una inocua campaña publicitaria

Sin título-1Más allá de la evidente escasez de medios con la que contamos, los funcionarios, en muchas ocasiones, nos damos de bruces con el garantismo propio de nuestro Estado de Derecho. Cuando manejamos información que indica que un familiar va a introducir drogas, solo podemos actuar bajo unas premisas muy claras. La única posibilidad de proceder al cacheo del familiar es si existen motivaciones objetivas suficientes y, además, este accede a firmar un consentimiento voluntario. En caso de negarse al mismo, la única consecuencia sería la prohibición de acceso al centro y la imposibilidad de celebrar la comunicación.

Existen casos en los que, de forma conjunta con la Policía o Guardia Civil, se monta un operativo para que, en los casos descritos en el párrafo anterior, se espere en el exterior al familiar que se ha negado al cacheo y sean las FFSS las que, por la potestad que ellos si tienen otorgada, procedan al mismo. Pero estos casos son los menos dado las dificultades que entraña llevar a cabo dichos operativos.

La única posibilidad de proceder al cacheo del familiar es si existen motivaciones objetivas suficientes y, además, este accede a firmar un consentimiento voluntario.

Pero es que, incluso en el caso que el familiar accediera al cacheo y el resultado de este fuera negativo, tampoco tendría que significar necesariamente que no haya introducido estupefacientes. Perfectamente ha podido hacerlo oculto en su organismo. En este caso, solo nos quedaría actuar contra el interno, enfrentándonos igualmente a una serie de “trabas” legales que dificultan de la misma manera las actuaciones: los cacheos con desnudo integral sólo pueden llevarse a cabo motivadamente (no es suficiente con la coletilla “existe información que…”) y las exploraciones radiológicas se deben de practicar bien con el consentimiento del interno o bien con el consentimiento judicial tras negativa del interno y con el preceptivo informe motivando las razones para llevarla a cabo. Y, por si todo ello no fueran trabas suficientes, luego están los casos en los que por falta de máquina de rayos en el centro, el interno debe de salir a realizársela al hospital, contando con numerosas ocasiones para deshacerse de la droga o, incluso, conseguir salvarla y volver con ella.

91a36b8f-ee56-47b6-bba0-5c33ed04c0d9-kODC-U70300412969fUG-624x385@La Rioja.jpgComo se puede observar, es un problema de difícil solución, que requiere de verdadera voluntad por parte de las instituciones y que, desde luego, no se va a solventar a base de un simple lavado de cara en forma de una inocua campaña publicitaria. Créanme si les digo que, pese a nuestros esfuerzos, resulta muy frustrante enfrentarte a esta problemática bajo las condiciones que lo hacemos. Por el bien de todos, esperemos que más pronto que tarde, busquen soluciones reales.